Los intentos de Merkel por devolver el liderazgo alemán en Europa

Después de su reelección la canciller alemana, Angela Merkel, eligió los primeros viajes al extranjero – a Francia y Polonia. Y no es sin ninguna intención.
Durante la creciente tensión en Europa, así como las imprevisibilidad de las relaciones entre Europa y EE.UU. durante la presidencia de Donald Trump, Berlín intenta establecer el nuevo equilibrio de las fuerzas dentro de la Unión Europea. En particular, se trata de reanimación del triángulo de Weimar (Berlín -Varsovia – París).
El 16 de marzo Merkel se encontró con el presidente francés, Emmanuel Macron. La conversación estuvo dedicada a las relaciones bilaterales, temas europeos e internacionales. Me parece que entre estos líderes el más principal sea el anfitrión de los campos Elíseos. La falta del gobierno en Alemania durante medio año y la creciente popularidad del partido nacionalista Alternativa para Alemania impresionaron a los franceses que llegaron a la conclusión de que la canciller y sus partidarios se hubieran debilitado significamente. El periódico Le Figaro escribe que Merkel comienza el cuarto y su último mandato, y sus posiciones políticas en Alemania son más débiles que nunca. Todo esto le da a Macron una excelente oportunidad para probar a ser un líder en las relaciones franco-alemanas y promover a Francia en Europa.
Después de París, Merkel se dirigió a Polonia para mantener conversaciones con el primer ministro, Mateusz Morawiecki, y el presidente de la República de Polonia, Andrzej Duda. Más temprano, el nuevo ministro de Asuntos Exteriores de Alemania, Heiko Maas, también visitó a Polonia, para establecer las relaciones bilaterales y discutir el futuro de la Unión Europea. Al parecer, Berlín intenta mostrar a Polonia que Varsovia sea importante para Merkel, pero Alemania todavía está involucrado en los asuntos del este de Europa y los polacos – socios importantes. Esto se debe a que Polonia es percibida como un país que sea capaz de crear nuevos centros de poder, al debilitar a la Unión Europea, y Berlín querría que Polonia no tuviera motivos para esto.
Por lo tanto, la prolongada crisis política en Alemania ha tenido un impacto negativo sobre la posición alemana en Europa y ha puesto en peligro la estabilidad dentro de la Unión Europea. De repente, para Berlín se han formado fuerzas que no quieren reconocer los méritos del pasado de la política y la diplomacia alemana. Los intentos de la canciller alemana para reactivar la estrecha relación del eje Berlín-París-Varsovia ahora está condenado al fracaso debido al hecho de que Polonia y Francia ya ven como nuevos centros de Europa y tratarán de reforzar su posición, lo que complicará una situación muy difícil en Europa.